Estilo de vida

Estilo de vida

Estilo de vida.

El estilo de vida tiene una influencia significativa en la salud física y mental del ser humano.

Muchas veces se nos recomienda tener o llevar un buen estilo de vida saludable, pero realmente sabemos que es y qué factores lo engloban.


La OMS (1999) definía un estilo de vida como aquel “compuesto por sus reacciones habituales y por las pautas de conducta que ha desarrollado durante sus procesos de socialización. Estas pautas se aprenden en la relación con los padres, compañeros, amigos y hermanos, o por la influencia de la escuela, medios de comunicación, etc. Dichas pautas de comportamiento son interpretadas y puestas a prueba continuamente en las diversas situaciones sociales y, por tanto, no son fijas, sino que están sujetas a modificaciones“.

Este está determinado por cuatro grandes tipos de factores que interaccionan entre sí (Mendoza, 1994), y cuya división no es rígida, sino que todos ellos conjuntamente moldean los estilos de vida de los individuos y los grupos: 

Características individuales: personalidad, intereses, educación recibida…

Características del entorno microsocial en que se desenvuelve el individuo: vivienda, familia, amigos, ambiente laboral o estudiantil…

Factores macrosociales: sistema social, la cultura imperante, los medios de comunicación…

El medio físico geográfico que influye en las condiciones de vida imperantes en la sociedad y, a su vez, sufre modificaciones por la acción humana.

Problemas como las enfermedades metabólicas, problemas articulares y esqueléticos, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, sobrepeso, etc., pueden ser causados ​​por un estilo de vida poco saludable.

Las variables de estilo de vida que influyen en la salud pueden clasificarse en algunos ítems:

Dieta: la dieta es un factor importante en el estilo de vida y tiene una relación directa y positiva con la salud. Priorizar en tu día a día el consumo de “comida de verdad” (aquella que no tiene ningún tipo de proceso) utilizando frutas y verduras de temporada (a poder ser de producción local) y evitar el consumo de productos procesados/ultra procesados mejorará tú estilo de vida. No nos olvidemos de mantenernos hidratados, el agua comprende desde el 75% del peso corporal en los niños hasta el 55% en los ancianos y es esencial para la homeostasis celular y la vida.

 

Composición corporal: Tener una buena composición corporal, es decir, un buen % de tejido graso, es un factor importante para preservar nuestra salud. Como veis, no se indica ni el IMC ni el peso (estos no tienen en cuenta el % de tejido adiposo), hábitos de vida poco saludables, pueden llevar al denominado “delgado metabólicamente obeso”. Un % de tejido adiposo elevado está relacionado con diversas enfermedades tales como la resistencia a la insulina, dislipemias, enfermedad cardiovascular,…

 

Ejercicio y actividad física: Debemos de  tener una masa muscular activa y funcional, para tratar y/o prevenir problemas de salud, por ello, el ejercicio se incluye en el estilo de vida. El ejercicio  es una herramienta fundamental e imprescindible dentro de un plan para la mejora de la salud integral y/o tratamiento de la obesidad y las patologías asociadas. Algunos estudios destacan la relación del estilo de vida activo con la felicidad. Los programas de promoción de la actividad física deben dirigirse a personas de todas las edades.

 

Sueño: una de las bases de la vida sana es el sueño. Dormir las horas adecuadas y con buena calidad es fundamental para mantener nuestra salud.

La privación del sueño puede:

– Predisponer al aumento de peso, mediante el aumento de la ingesta calórica (la privación del sueño produce hiperfagia).

– Afectar a los reguladores periféricos del hambre.

– La privación crónica de sueño parcial también conduce claramente a sentimientos de fatiga y reducir la actividad física.

– Provocar una caída en la temperatura corporal central, lo que sugiere que puede afectar el gasto de energía a través de la termorregulación.

El uso de computadoras y otros dispositivos por la noche puede afectar el patrón de sueño y puede perturbarlo.

Estrés: El estrés  tiene una gran influencia sobre el estado de ánimo, nuestra sensación de bienestar, comportamiento y salud. Las respuestas de estrés agudo han  evolucionado como procesos adaptativos y típicamente no imponen problemas de salud.

Los efectos a largo plazo de los factores estresantes “estrés crónico” pueden dañar la salud. La relación entre los factores estresantes psicosociales y la enfermedad se ve afectada por la naturaleza, el número y la persistencia de los factores estresantes, así como por la vulnerabilidad biológica del individuo (es decir, la genética, los factores constitucionales), los recursos psicosociales y los patrones aprendidos de afrontamiento.

Las intervenciones psicosociales han demostrado ser útiles para tratar los trastornos relacionados con el estrés y pueden influir en el curso de las enfermedades crónicas.

La desnutrición, el sedentarismo,  la dieta no saludable, el tabaquismo, el consumo de alcohol, el abuso de drogas, el estrés, etc., son presentaciones de un estilo de vida poco saludable.

Mantener el balance energético, procurar una correcta calidad de alimentos, hacer ejercicio y actividad física, controlar el estrés, proporcionar un adecuado descanso, tomar sol, etc…  son fundamentales para llevar un buen estilo de vida.

Los programas de promoción de un de estilo de vida saludable deben dirigirse a personas de todas las edades, ya que nos dará beneficios desde la infancia hasta la vejez.

FUENTES:

1. Dariush D. FARHUD; Impact of Lifestyle on Health; Iran J Public Health. 2015 Nov; 44(11): 1442–1444.

2. Sanjay R. Patel and Frank B. Hu; Short sleep duration and weight gain: a systematic review; Obesity (Silver Spring). 2008 Mar; 16(3): 643–653

3. Darren E.R. Warburton, Crystal Whitney Nicol, and Shannon S.D. Bredin; Health benefits of physical activity: the evidence; CMAJ. 2006 Mar 14; 174(6): 801–809.

4. Neil Schneiderman, Gail Ironson, and Scott D. Siegel; STRESS AND HEALTH: Psychological, Behavioral, and Biological Determinants; Annu Rev Clin Psychol. 2005; 1: 607–628.

 

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