“Yo no necesito ir al psicólogo.”

“Yo no necesito ir al psicólogo.”

Es, probablemente, una de las frases que más se suelen escuchar a la hora de afrontar situaciones personales. Especialmente, cuando éstas las ven las personas del entorno pero, por el contrario, quienes las viven no son capaces de asumirlas (o no se sienten capaces, todavía). ¿Qué podemos hacer? Por lo pronto, definir de qué estamos hablando, y desmitificar ciertas afirmaciones arraigadas socialmente que hacen poco o ningún favor a nuestra disciplina.

Según alguna de sus definiciones, la Psicología es la “ciencia que estudia los procesos mentales, las sensaciones, las percepciones y el comportamiento del ser humano, en relación con el ambiente físico y social que lo rodea”. También se relaciona con la “manera de sentir, de pensar y de comportarse de una persona o colectividad”. Otra de las acepciones tiene que ver con la “capacidad para conocer el carácter de las personas y comprender las causas de su comportamiento”. En ninguna de las anteriores se hace referencia a términos patológicos (llevado a un extremo ya muy antiguo, afortunadamente, al concepto de “locura”). Por lo tanto, es necesario desmitificar algunas de las Falsas Creencias que se han ido extendiendo en relación a la Psicología, con el fin de poder dar un paso al frente afavor de la normalización de dicha disciplina.

 

Por enumerar algunos ejemplos, las Falsas Creencias más comunes en nuestra sociedad actual pueden englobarse en los siguientes apartados:

 

– La Psicología es para los locos.

De un tiempo a esta parte, se ha conseguido avanzar y separar el estigma que suponía aludir a la locura como objeto a tratar por parte de la Psicología. De hecho, una de las principales tendencias actuales tiene que ver con acudir a terapia psicológica sin tener por qué haber una patología. En algunas disciplinas, como en la Psicología del Deporte, se hace especial hincapié en aspectos positivos como, por ejemplo, trabajar para optimizar el rendimiento psicológico deportivo sin que haya ninguna patología o problema subyacente. También pueden englobarse en este apartado los talleres de Risoterapia, especialmente destinados a grupos de la tercera edad. E, incluso, actividades como la Meditación, Mindfulness o Relajación, donde se priorizan los apartados más positivos de manera integral para la
persona.

 

– No necesito ir a un/a psicólogo/a.

El ritmo vital y social, entre otros factores, que vivimos actualmente ha generado un preocupante aumento de trastornos por ansiedad y
depresión en la población mundial. Según recoge la OMS, se indica que más de 300 millones de personas sufren depresión, y más de 260 millones de personas padecen trastornos de ansiedad. Cuando no, ambos a la vez. Y el coste económico derivado se estima en más de 1 billón de dólares anualmente, teniendo en cuenta los aspectos médicos, farmacéuticos y de productividad que conllevan. Todo ello sin contar con los costes humanos, sociales y familiares que subyacen. Este dato es realmente preocupante, puesto que el estrés y todo lo que se deriva del mismo, lleva camino de convertirse (si no lo es ya) en la gran epidemia mundial a nivel de salud. Por lo tanto, resulta vital ponerse en manos profesionales si se da alguno de los casos anteriores. Pero más todavía, si cabe, prevenir y detectar a tiempo
cualquier factor que pueda indicar alguno de ellos.

 

– Para hablar, mejor con amigos/as, y encima es gratis.

No hay nada como una charla agradable con familiares o amigos/as para pasar un buen rato y despejarse. Dar y recibir consejos es una fuente de información importante a nivel social, y permite establecer relaciones más cercanas.
Ahora bien, ante una situación personal importante, sea o no patológica, lo que distingue una charla coloquial con una terapia psicológica es la parte científica. Es decir, cualquiera puede dar un buen consejo. Pero también puede darse un mal consejo, en cuyo caso, la “ayuda” proporcionada será muy peligrosa. La Psicología es una disciplina científica y, por ello, se basa en la evidencia de sus procedimientos y aporta una fiabilidad contrastada. No se basa en “probar y, a ver qué pasa”, sino en décadas de publicaciones, investigaciones y divulgación científica que apoyan cada una de las metodologías utilizadas con rigor.

 

– No me fio, que puedes leerme la mente.

Ojalá pudiéramos. Aunque, pensándolo mejor, igual no. Bueno no sé. Lo que sí es cierto es que no es posible, desgraciada o afortunadamente, según para quién. Así que, un problema menos en el que pensar. En cualquier caso, lo verdaderamente importante a la hora de ayudar a otra persona no es tanto lo que piensa como lo que verdaderamente dice. La sinceridad es el arma principal a la hora de enfrentarse a cualquier situación, y es la que crea el clima ideal en la relación terapéutica. Por lo tanto, aún pudiendo leer los pensamientos, si éstos no se corresponden con lo que se dice y hace, el trabajo sería igualmente en vacío.

 

En conclusión, ya sabemos que no hay que estar loco/a para ir a consulta psicológica. Es más, según en qué circunstancias, un punto de “locura positiva” puede ser hasta recomendable. En muchos casos, conocemos a personas de nuestro entorno a quienes esta locura les da ese toque especial que les hace diferentes. Así que, rompamos el esquema de la locura entendiéndola como algo totalmente negativo. Eso sí, el deseo y el objetivo fundamental de este artículo es el de crear un ambiente de confianza, tanto en ti mismo/a en cuanto a tu capacidad para afrontar situaciones y pedir ayuda; como hacia la Psicología, viendo que es una disciplina que se centra en el bienestar integral de la persona y en mejorar el día a día en el mayor número de ámbitos posible.

Sin comentarios

Deja un comentario

¿ESTÁS LIST@?

MEJORA TU SALUD CON HFE